domingo, 26 de marzo de 2017

Diagrama para la resolución de conflictos

Llevaba un tiempo queriendo escribir una entrada en la que explicar cómo abordamos la resolución de conflictos en el aula de la forma más concreta posible y hoy ha llegado el día. Para muestra un botón:



¿Te apetece saber más?



En entradas anteriores (aquí, aquí y aquí) hablaba de la importancia de dar a los alumnos el papel protagonista en la resolución de conflictos con sus compañeros. Esta convicción, trabajada de forma continuada ha dado lugar al diagrama anterior.

A mis alumnos les digo, a principio de curso, que frente a un conflicto siempre se puede elegir la forma en la queremos actuar y que ellos cuentan con dos herramientas para ayudarles a resolver un problema o disputa.

La primera (el 1 en el diagrama) es "Expresarlo al compañero". Esta primera herramienta o primer paso se enfoca en lograr una comunicación asertiva y controlada de aquello que nos incomoda o molesta. Este primer paso debe cumplir 3 condiciones:
-Ha de ser dirigida al causante de tu malestar. Relación horizontal. Entre iguales.
-Ha de ser una comunicación respetuosa en el tono. No se aceptan gritos o chillidos. De no ser capaces de hacerlo en condiciones es mejor respirar con tranquilidad y esperar hasta estar calmados.
-Ha de ser una comunicación respetuosa en las formas. No se aceptan expresiones como "Por tu culpa..." o "Es que tú..." en su lugar es recomendable usar frases comodín como "No me ha gustado que..." o "Me ha molestado que...".

Realizado este paso pasamos a la reflexión de resultados: ¿Se ha resuelto el problema? Aquí he de decir que, en un aula en la que los alumnos están habituados a expresarse en estos términos es bastante habitual que asuman con naturalidad sus responsabilidades y contesten con un sencillo "Lo siento". El alumno que ha iniciado la secuencia responderían con un "Sí" a la pregunta "¿Se ha resuelto el problema?" y daríamos por concluido el conflicto.
En ocasiones, bien porque hay alumnos con un carácter más persistente, porque se trata de un problema que no se ha abordado en su fase inicial o porque no tienen aún el hábito de resolver de forma autónoma sus diferencias puede que respondan con un "No" a la pregunta anterior. En este caso, el diagrama nos lleva a la segunda herramienta, "Pedir acompañamiento al profesor".

El objetivo de esta herramienta (la 2 en el diagrama) es múltiple. Cuando un alumno viene a mi lo primero que hago es preguntarle si ya ha tratado de poner en práctica el primer paso. Si no es así, le pido que lo haga él primero y que luego me comunique cómo le ha ido. Si, efectivamente, ya lo ha realizado es el momento de proceder con la 2. Este paso consiste en que el profesor cita a las partes implicadas y les pide que realicen el paso 1 delante de él.

Lo que se pretende con esto es:
-Que el profesor supervise que los alumnos cumplen las condiciones del primer paso. Comunicación horizontal entre iguales, respetuosa en el tono y las formas.
-Ganar un poco de tiempo para que la emoción del momento se asiente. En no pocos casos, la resolución de un conflicto es una cuestión del cuándo más que del cómo. Si tratamos de comunicarnos con alguien que acaba de enfadarse, es probable que no preste atención a lo que le decimos. Si esperamos un rato y dejamos que el pico emocional descienda resultará más sencillo tratar con él. Como profesores hemos de valorar si los alumnos se encuentran en la disposición emocional adecuada o si es recomendable citarles para hablar los tres un poco más tarde (Es importante emplear momentos concretos: al acabar el patio, antes del comedor, al salir por la tarde,etc.)

Los problemas que no han sido de capaces de solucionar por si mismos en el paso 1, suelen ser solucionados por ellos mismos en el paso 2. La única diferencia es la presencia del profesor como observador y el lapso de tiempo transcurrido entre uno y otro. Mi experiencia es que la inmensa mayoría de conflictos son resueltos completamente.

La dinámica del aula cambia bastante y el alumnado recupera el protagonismo en la resolución de sus propios conflictos (tanto a la hora de comunicarlos como a la hora de asumir su responsabilidad en las emociones de los demás). Es bastante gratificador que un alumno pida un turno de palabra y lo use, frente a ti, para girarse en el sitio y decirle a otro compañero que no le ha parecido bien que se cuele en la fila. Más gratificador aún resulta comprobar como el segundo escucha atentamente al primero y le contesta con un escueto "lo lamento".

*Una última consideración: Algunos alumnos, cuando alguien se dirige a ellos para decirles que algo no les parece bien, contestan diciendo: "Pues a mi tampoco me ha gustado que..." Es decir, emplean la ley de justificación de la conducta-consecuencia para evadir su responsabilidad. En estos casos suelo intervenir diciéndoles: "No debemos responder a un problema con otro problema. Primero uno y luego otro. Si hay algún conflicto que quieras tratar con tu compañero puedes pedir después un turno y solucionarlo. Ahora, por favor, recuerda que él está tratando de solucionar algo contigo y por eso ha pedido hablarte". Suele ser suficiente.

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